La Antártida, sin casos aún, se blinda para el invierno austral

El último refugio del mundo sin coronavirus: Las bases chinas han reducido al máximo su actividad este año y otras, entre ellas las dos españolas, han cerrado con dos semanas de antelación. 37 científicos y militares españoles intentan ahora volver a casa. Sin embargo, algunas bases permanecen habitadas en invierno, aisladas durante meses y sin posibilidad de hacer evacuaciones

En los mapas del mundo que muestran la vertiginosa propagación del coronavirus  y  hay un único continente que todavía no está en rojo. La remota Antártida no ha registrado ningún caso de COVID-19, a pesar de que la pandemia ha coincidido con el verano austral, que es la época del año que reúne a más científicos, técnicos y militares en este gélido laboratorio de la naturaleza.

Las aproximadamente 80 bases construidas en este inmenso continente de hielo en el que cabrían 26 penínsulas ibéricas acogen en verano a unas 5.000 personas que se reducen a alrededor de 800 o 1.000 en invierno. España cuenta con dos bases, ambas operativas durante los meses de verano: la base científica Juan Carlos I, en Livingston, y la militar Gabriel de Castilla, en Isla Decepción.

«Algunos países, como EEUU, Argentina, Chile o Reino Unido, tienen bases abiertas en invierno, incluso hay personas que llegan a estar dos años seguidos en la Antártida», cuenta Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español. La más grande es la estadounidense McMurdo, con capacidad para más de 1.200 personas mientras que China, muy interesada en expandir sus actividades en la Antártida, está construyendo su quinta base en este territorio.

A los científicos y militares que van a trabajar cada año se suman los turistas, a los que se le permite pasar unas horas en el territorio más virgen del planeta. «Este año se esperaban 80.000 turistas en la Antártida pero al final se ha reducido a unos 65.000 o 70.000», señala Quesada en conversación telefónica.

Hay países como China que incluso les dejan entrar en algunas de sus instalaciones y visitar su Gran Muralla antártica (Great Wall) -la más antigua de sus bases y en la que en verano trabajan unas 40 personas-. Pero el coronovirus ha cambiado las rutinas de este año.

Fuente: El Mundo.es

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